
El ver en lo que se había convertido mi madre me partía el alma, pues pasó de ser un soldadito fuerte y eficiente a un indefenso bebé que había que hacerle hasta los cuidados básicos como bañarla, vestirla, acostarla, levantarla, etc. etc. cosa que para un hijo es además de doloroso, sorpresivo porque no atinas a entender ¿como quien te cuido y mostró carácter y firmeza se convertía en un ser dependiente de ti casi las 24 horas del día?
Sin embargo todo el amor y enseñanza que mi madre me había regalado, además de ver como ese ser humano lleno de virtudes, caritativo, resolutivo, itinerante y siempre bien dispuesta a lo que fuera con una sonrisa, me daba fortaleza para atenderla a pesar e mi tristeza.
Era como cuidar a un bebe sin la esperanza de que éste creciera y saliera airoso de todas sus dificultades, superándolas y bostezando o estriándose sano y pleno de vida. Pero había que tener una mano en la confianza a Dios y otra en la realidad, porque si bien la esperanza como bien dicen es lo último que se pierde la realidad la tienes siempre al frente golpeándote y recordándote lo efímeros que podemos ser.
En esos días pensar era mi status; a toda hora pensaba en ¿cómo ayudarla?, ¿cómo hacían los padres con niños enfermos crónicos?, o todo aquel que estuviera viviendo una situación similar a la mía. ¿Cómo podían reír, trabajar, vivir?, en fin; había que continuar, pero que difícil seguir tu cotidiano quehacer con tantas tristezas y tareas acumuladas.
Poco a poco vas encontrando el camino, como dije antes; en tu búsqueda, hallas a Dios o lo refuerzas, haces amigos o te compenetras con aquellos que pasan algo parecido, y sobre todo aprendes a sacar lo mejor de tu dolor; ríes, y lo disfrutas porque no sabes si en los próximos instantes lo podrás hacer; de cada situación tratas de ver lo positivo o menos malo y te vuelves mas humano, mas sensible, mas cercano del otro que necesita; tan es así que si ves a alguien en una situación similar te sientes obligado con dulzura a ayudarlo, y sientes lo bien que es hacerlo y lo reconfortante que resulta saber que has podido ayudar a alguien mas. Pero volviendo a mi situación familiar, cada pequeño logro que consiguiera mi madre como poder comer lo que antes no, poder dormir completo toda la noche o moverse sola en la cama, era una gran hazaña, y así era celebrado, con un gran entusiasmo y alegría y agradeciendo a Dios, a los médicos, a la familia y a todo el que estuviera.